Un
ser humano que sembró mientras la vida le permitió, Raúl de León, fue un gran
defensor de las buenas costumbres, no solamente con las personas, sino también
con el medio ambiente, especialmente con las plantas.
«Conocí a Raúl hace 25 años.
Junto a Mabel nos recibieron en su casa, fueron nuestra familia. Me sigue
costado mucho pensar en su partida, siempre va estar en nuestro corazón y en
nuestra memoria«. Escribió Blanca Charbonier.
Raúl de León, fue un amigo, esposo, compañero de
trabajo, que necesariamente invita a recordarlo por todos los aportes que hizo
durante 30 años en Villa Rio Bermejito, con una impronta muy particular vivió
en las comunidades, dejando huellas y siendo crítico con todo lo que lo rodeaba
para provocar cambios que beneficien a todos, principalmente a las comunidades
indígenas de la zona. Como pocas personas llego para irse, pero eligió quedarse
y adentrarse en la profundidad de los caminos rurales para promover proyectos
que mejoren la vida de los pobladores, acompaño y vivencio las realidades,
siempre en compañía de su amada gallega, Mabel, su esposa, que dejo los zapatos
con tacos y se calzo las alpargatas para acompañarlo durante 36 años en todo su
recorrido.
«De León fue un pilar
fundamental de la Junta Unida de Misiones (JUM), dedicando más de 30 años de su
vida a la educación y el bienestar de los pueblos originarios, generando un
lugar de consulta en acciones territoriales y agroecológico. Su labor incansable
en el CEREC y su cercanía con las comunidades rurales, muchas veces enfrentando
dificultades extremas, reflejan su profundo compromiso con el desarrollo de los
pueblos originarios y su lucha por brindarles oportunidades. Su legado se
caracteriza por una visión de inclusión, confianza y trabajo colaborativo
siempre buscando el bienestar colectivo. Raúl dejo una huella imborrable, no
solo en las comunidades que ayudo a transformar, también en todos aquellos que
compartieron su pasión por hacer de la vida en el campo un lugar mejor. “Buen
siervo y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré, entra en el gozo
de tu señor«. Fueron las palabras que eligió, la Junta Unida de Misiones
para despedir a su amigo.
Cuando llego a las tierras de la
villa no se imaginaba que un día se iría de este mundo dejando un legado,
seguir sembrando y plantando árboles, y que las aguas del bermejito serían las
que van a acunar, durante la eternidad sus cenizas. Porque los que cultivan
amistades como lo hizo él, son los merecedores de las más hermosas despedidas. Jorge
Collet su amigo entrañable su compinche lo describe con admiración, honesto,
solidario, luchador y siempre crítico, aunque muchas veces se guardaba sus
palabras para no herir sentimientos.
“En 1977, Raúl de León vino a Bermejito con
un grupo de iglesias para hacer unos talleres y arreglar el aserradero al lado
del CEREC con el pastor Hugo Malam, de la Iglesia Valdense, y amigos de Jorge
Collet. Luego, en 1979, volvió con unos amigos de Cañada de Gómez, y Carlos
Benedeto, que integraba el IDACH, le propuso venir a trabajar en Pompeya y
Sausalito, pero ese proyecto no se concretó porque la Asociación del Aborigen
no tenía vehículo para llevarlo ni vivienda donde pudiera quedarse. Entre 1979 y
1985, trabajó en tareas rurales en Buenos Aires y Santa Fe. En 1985, un amigo
le propuso venir al Chaco a instalar una mueblería. No hubo acuerdo con las
personas con quienes tenía que trabajar y quedó solo en la mueblería. En ese
año nos conocimos y en octubre de 1986 nos casamos. Empezando 1988, Jorge
Collet y el presidente de la JUM le propusieron dar clases de Técnicas
Agropecuarias en el CEREC por el lapso de 2 años, brindándole vivienda en
Bermejito, donde terminamos viviendo 36 año. Un año después de nuestra llegada
a Bermejito, integró la REDAF (Red Agroforestal Chaco Argentina). La comunidad
conoce sus trabajos en Apicultura, Huerta y Granja. En el 2023 tuvimos que
abandonar Bermejito por problemas de salud de ambos, pero su corazón siempre
estuvo en Bermejito, donde llevaremos a que descansen sus cenizas el sábado 24
de mayo”. Recuerda su esposa Mabel cariñosamente llamada “La gallega”.A
don Raúl lo conocían todos en Bermejito, era el punto de referencia para
técnicos, profesores y otras personas que llegaban desde lugares lejanos a
cumplir sus tareas en la zona, y el los recibía a algunos en su casa y para
otros fue el guía necesario para adentrarse en las comunidades, “porque a
Raúl los indígenas siempre lo recibían bien”. Jorge Collet.

“Como
quisiera estar ahí, junto a vos y a él. Cuando me llamaste esa noche Mabel,
noté q tu vos de algarabía de siempre no era la misma, y sentí una profunda
congoja porque algo me decía q no era nada bueno lo q me ibas a decir. Aun así,
me sorprendió la noticia tan triste de la partida de Raúl, mi amigo, mi padre,
mi hermano, se nos adelantó en el viaje seguramente sin escalas al cielo.
Porque fue un hombre q hizo honor a la vida, amaba las cosas simples, las más
importantes, rico en sabiduría, capaz de encontrarle sentido y razón a todo lo
q el resto pasamos por alto. Un hombre sensible y tan humano q su entrega era
total hacia los q menos tienen. Fue un hombre dichoso, porque amo tanto como
pudo, era un imán de personas, y por eso también fue muy amado. Con Mabel
tuvieron una vida plena, muy feliz, tanto que nunca voy a olvidar sus humoradas
y su risa contagiosa. Creo que se fue sin cosas pendientes, porque también tuvo
a su compañera de vida incondicional y tan parecida en su filosofía de vida.
Estoy segurísima que nos volveremos a encontrar y que nos daremos ese abrazo q
nos faltó”. Texto
escrito por Alicia Fernández, compañera de él en el CEREC.Los huerteros del INTA lo
extrañan, como lo extraña su amiga Luz que lo sentía como su cómplice en el
cuidado de cada planta que existía y existe.
“El sembrador sembrado…Raúl me
enseñó todo lo que sé sobre reconocimiento de árboles nativos. Cada recorrida
por las rutas polvorientas del Interfluvio era una clase magistral que incluía
nombre científico, nombre vulgar y nombre en lengua qom de casi todas las
especies. Y si no se acordaba de alguna me decía siempre que le preguntara a
lxs ancianxs de la comunidad y que me apurara porque ya quedaban pocxs con esos
saberes. Por suerte recorrimos mucho juntxs. Por suerte pudimos disfrutar de su
sabiduría y compañerismo. Por suerte pudimos sembrar y cosechar con él. Por
suerte nos dejó tanto de lo que más nos gusta, el amor por todo lo vivo”.
Las semillas siguen germinando y
las plantas siguen creciendo, los amigos lo van a extrañar siempre, porque las
partidas son parte de la vida y las ausencias se recuerdan por los momentos
compartidos.
Agradecimientos a: Mabel “La Gallega”,
Jorge, Luz y a todos los que se sumaron para publicar la nota.
Fuente: La Posta Informativa
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