El pastor metodista Néstor Miguez, de larga trayectoria en el mundo ecuménico y de la defensa de los derechos humanos, criticó los dichos del Presidente, le dice que está dispuesto a explicarle teológicamente los errores que comete y le advierte: “no estoy temblando pero sí dolido”.
Por: Washignton Uranga

El pastor Néstor
Miguez, de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina (IEMA), ex
presidente de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE) y
reconocido luchador en defensa de los derechos humanos, escribió
una carta personal a Javier Milei a propósito de las
“expresiones agresivas, insultos y amenazas diversas sobre diferentes personas
o grupos” que salieron de la boca del Presidente. Miguez, quien actualmente
es presidente honorario de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, le
dice a Milei que “dentro de la división maquiavélica que usted hace de nuestra
humanidad, aunque nunca milité en ningún partido político marxista, caería
dentro de la categoría de ‘zurdo’ ” pero, agrega, “no creo que por
ello merezca ser agredido, insultado, amenazado, ni yo, ni quienes comparten
conmigo estas opciones de vida, ni nuestras madres”.
Por eso, sigue diciendo
Miguez, “aquí estoy” y “no necesita ir a buscarme a ningún lado”, en
directa alusión a las amenazas presidenciales. A renglón seguido el
pastor afirma: “Y no estoy temblando, aunque sí muy dolido e indignado porque
mi presidente constitucional nos agrede y amenaza con expresiones
similares a las de los dictadores y genocidas”.
El pastor, que goza de mucho
prestigio en el mundo ecuménico y de los organismos defensores de los derechos
humanos, expresa su particular preocupación “por las condiciones morales y el
efecto que (las expresiones del Presidente) tienen sobre nuestro pueblo”. En su
presentación Miguez refiere que “soy teólogo y me he desempeñado como pastor
evangélico por más de 50 años, acompañando a nuestro pueblo en diversas
circunstancias”. Agrega que “mi teología se afirma entendiendo la libertad en
términos muy distintos a los suyos” dado que “entiendo la libertad en términos
muy distintos a los suyos”. Y afirma que “yo sigo lo que señala el apóstol
Pablo: ‘Somos libres, pero no usemos nuestra libertad para satisfacer
ambiciones personales, sino para servirnos mutuamente en el amor’ ”.
Señala Miguez que “en mi tarea
pastoral he acompañado y servido a los más pobres y necesitados, he compartido
mucho tiempo escuchando sus dolores y penurias y procurando traer alivio y
justicia” y, en esa tarea, “me ha tocado recibir y albergar exilados,
refugiados y migrantes”. Recuerda que “durante los tiempos de la dictadura
conformé algunos de los organismos de derechos humanos” y “he participado con
los pueblos originarios en sus reclamos por su dignidad, su cultura y
territorios ancestrales”.
Afirma además el pastor metodista
que “sostengo la necesidad de una distribución más igualitaria de los bienes
que Dios ha dispuesto para la vida de todos los seres humanos, la dignidad de
todos y todas, independientemente de sus situaciones de vida”. Y, por lo tanto,
sigue diciendo, “sostengo que es necesaria la justicia social, y que haya leyes
que regulen la actividad económica y el uso de la propiedad, defendiendo la
posibilidad de acceso a la salud y a la educación en todos sus niveles”.
En función de ello Miguez vuelve a decirle a Milei “aquí estoy”. “Dispuesto a explicarle, como teólogo, sin agravios ni chicanas, por qué sus actitudes y medidas no pueden reclamar ‘las fuerzas del cielo’, ya que se alejan y contradicen de las enseñanzas de Moisés y los profetas de Israel, y sobre todo del Evangelio de Jesucristo (aunque algunos autopercibidos ‘evangélicos’ ignoren su propias doctrinas para conseguir migajas de poder)".
Miguez, quien rubrica la nota como ciudadano argentino”, finaliza su carta a Milei subrayando que “me preocupan las consecuencias morales de los dichos y actitudes suyas y de algunos de sus seguidores” porque “siembran odio, prejuicio, discriminación” y siembran el peor de los males que puede afectar a un pueblo: la falta de empatia, la enemistad, el desamor, que finalmente termina por destruir la justicia y la libertad”.
Fuente: Pagina 12
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