"Thañiq Yuyay" Paula Alvarado Mamani, abogada y militante por los derechos indígenas, analiza desde su identidad kolla este tiempo político marcado por el negacionismo hacia los pueblos preexistentes al Estado Argentino.

–¿Tenés recuerdos de, por
ejemplo, que te miraran raro en la escuela? ¿Sentiste la discriminación
puntualmente o a vos no te importaba eso?
–¡Mi mamá tiene un ego! “Vos
sos negra pero la gente envidia tu color”. A nosotros en las fotos nos ponían
siempre al fondo y ella decía “ustedes van adelante”. La verdad que mis viejos
hicieron un trabajo que los admiro, porque yo no sé si hoy sería lo que soy si
no fuera por ellos. Incluso cuando bajábamos la cabeza, “arriba, arriba” todo
el tiempo. Yo fui a la Escuela 8, que está en Juramento y Triunvirato, siempre
escuelas públicas que eran doble jornada. Mi hermano más grande era el que nos
cuidaba. Nuestra casa en Villa Urquiza era medio precaria, imaginate todos los
nenes: “tu casa es una choza”, “ustedes los negros, ustedes los negritos”. Fue
muy constante todo eso. El tema de las fiestas, de los actos escolares,
nuestros papeles siempre fueron los de la vendedora de empanadas o nos hacían
bailar al fondo. Sí, se vivió mucho. Yo por ahí llegaba llorando a casa y mi
vieja: “te envidian, es envidia por el color”. El concepto de “piojosos”
también, “ustedes piojosos, sucios, roñosos que reciben ropa prestada siempre”.
–¿Dónde sentís que es tu
territorio, tu anclaje identitario?
–Jujuy. Aparte de todas las
vivencias de chica, en realidad como que la identidad la adopto de allá, pero
también he pasado por un proceso de colonización que ahora estoy tratando de
sobrellevar. O sea, nosotros tuvimos como una doble vida. Éramos muy tímidos y
no hablábamos, la verdad que los tres más grandes no hablábamos, jugábamos
entre nosotros y encima siempre nos decían “esos juegos son de indios” porque
nos saltábamos entre nosotros. Éramos un equipito, no hablábamos y encima
teníamos bastantes problemas en las piernas. A mi mamá le sugirieron que
hagamos algún tipo de deporte y empezamos a patinar en Argentinos Juniors, que
es un club que nos quedaba cerca, y ahí fue otra vida, la vida deportiva. Hoy
el club tiene un protocolo de discriminación, tiene un protocolo de racismo y
de género, pero en su momento, bueno, “estos indios que no pagan la cuota”,
“ahí va la negrita patinando”. El tema es que le servíamos, porque traíamos
medallas, entonces el club nos becaba. La verdad que toda la carrera de patín
hicimos los tres: Andrés, Andrea y yo. Mi hermano fue a dos Mundiales, yo fui a
dos Mundiales, Andrea es campeona sudamericana. Siempre fue con becas, pero
traíamos medallas. Yo me acuerdo de una discusión muy fuerte, que la Comisión
Directiva decía “no tienen ni para comer y vienen a patinar” y la gente del
club decía “sí, pero nos traen medallas, así que seguilos becando”.
–¿La Comisión Directiva tenía
esa postura?
–Sí, “si no pagan no tendrían
que competir, pero aparte no tienen para comer”. Es cierto, nosotros comíamos
galletitas de agua y teníamos los patines más baratos. Sin embargo, así
ganábamos, traíamos medallas. Yo tuve períodos con los peores patines frente a
gente que pagaba clases para estudiar patín artístico. Pero la discriminación
estuvo siempre, te juro que era yo con 10, 11 años soportando eso. Lo peor es
que asumí un rol a veces, con mis hermanos, de cuidado, porque mi vieja decía
“no les den bola”, pero yo la escuchaba y después encontraba a Andrea llorando
en el baño, “me saco los patines”. “No, hay que entrenar, no te saques los
patines”, “vamos, vamos, sigamos”. Torneo que iba, primer puesto, segundo
puesto; entonces, como que había una bancada del club. Le traíamos medallas y
trofeos, y muchos años ganó el club porque éramos tres. Hacíamos tres
disciplinas y nos iba bien, hasta ese talento teníamos.
–Los Alvarado Mamani eran el
orgullo de La Paternal.
–La verdad que sí. El primer
Mundial de mi hermano no lo podíamos pagar porque no teníamos plata y en aquel
momento estaba Aníbal Ibarra viviendo cerca de Paternal y lo fuimos a ver, así
que, bueno, tuvimos un pequeño subsidio ahí. No existía el ENARD (Ente Nacional
de Alto Rendimiento Deportivo) que hoy existe, todo era a pulmón. Incluso mi
último Mundial, yo trabajaba en una fábrica de ropa y la mitad de la plata de
ahí fue para pagar el viaje a Australia; la otra mitad, becada. En aquel
momento me agarraban angustias, incluso cuando me iba mal, el peso que caía
sobre nosotros. A veces no teníamos para comer y salía y no podía patinar bien
y tenía como una cosa en la cabeza que era horrenda. Porque es cierto, había
días que no comíamos o comíamos paté de foie y con eso teníamos que ir a rendir
3 horas de entrenamiento.
Hay otro diploma que guarda
esa familia con cinco hijxs (Abel, Paula, Andrés, Andrea y Ana) que logró
tener a la primera generación de estudiantes universitarixs. Papá, Víctor
Horacio Alvarado, es uno de los cientos de originarios que fueron a combatir en
la Guerra de Malvinas:
“Pero no habla mucho de eso. Ahí estaban recién empezando a salir con mi mamá y le mandaba, por ejemplo, tierra de Malvinas. Es lo único que tiene mi vieja de recuerdo. Y una foto. Mi viejo ahora forma parte de un grupo de WhatsApp que se llama 'Los Kollas Sobrevivientes', con todos jujeños que fueron combatientes de Malvinas. Él perdió dos amigos en el hundimiento del Belgrano y después de eso no quiso hablar más, no habla mucho de eso. Hace 5 o 6 años empezó a ir a las actividades. Mi mamá tiene un frasco de mermelada con tierrita. Pero mucho no le preguntamos, incluso él no cobra porque no quiso pedir la pensión. Creo que cuando llegaron los llevaron al Congreso y les dieron un diploma a todos los sobrevivientes. Ese diploma lo tenemos colgado en casa”.
ORGULLOSAMENTE KOLLA
La formación profesional de
Paula integra el Derecho internacional con la militancia de calle por los
derechos humanos (formó parte de la APDH Nacional, la APDH La Matanza y la
Gremial de Abogados y Abogadas de Argentina). Es presidenta de la Comisión de
Pueblos Originarios de la Asociación de Abogados y Abogadas de Buenos Aires
(AABA) e integrante del Grupo Asesor de la Sociedad Civil de ONU Mujeres
Argentina. En la Facultad de Derecho de la UBA dicta las materias “Derechos
humanos y garantías” y “Ambiente y recursos naturales”.
Con las herramientas legales
en la mano, Paula fue partícipe de una causa judicial histórica como abogada de
la Federación de Comunidades Indígenas del Pueblo Pilagá. En julio de 2019, un
fallo de la Justicia Federal de Formosa estableció que la llamada “Masacre de Rincón Bomba”, sufrida por el Pueblo Pilagá en
1947, fue un crimen de lesa humanidad cometido por la Gendarmería
Nacional, que propició un “genocidio” contra cientos de originarios que
habitaban los actuales parajes formoseños de Las Lomitas y Pozo del Tigre.
Ese capítulo de su vida sigue
abierto. En parte, porque la sentencia fue apelada y duerme todavía entre los
expedientes de la Corte Suprema de Justicia. Pero también porque aquellos años
de viajes recurrentes a Formosa para conmemorar los 10 de octubre la masacre,
le dejaron una experiencia personal dolorosa: sufrió un abuso sexual en la
Comunidad de Pozo del Tigre cuando regresaba de asesorar comunidades en
Ingeniero Juárez.
De ese dolor pudo renacer
gracias a su Ayllu (comunidad) Mink’akuy
Tawantinsuyupaq, que en 2021 le adjudicó un nombre distinto al del DNI:
para sus hermanos y hermanas del Ayllu, Paula Alvarado Mamani
es Thañiq Yuyay, que en quechua significa “memoria que sana”. La
ceremonia de los nombres de las mujeres coincide con la época del maíz o el
agua (la primavera del Hemisferio Sur), cuando se da “el florecimiento
relacionado con la tierra”.
–Fue un proceso lo del nombre.
Nosotros somos como un comité, así que empiezan a preguntar a personas
cercanas, a familia de sangre cómo soy, todo esto. Yo me acuerdo que le decía a
mi hermana 'deciles que quiero wayra', que es 'viento', porque me
encanta ese nombre; o munay, que es como 'belleza' o 'bueno'. Y
quedó ese nombre por la situación de Formosa.
En el Ayllu, un
referente que tuvo una poderosa gravitación en Paula y su conexión con la
cosmovisión andina fue el Tayta Ullpu Carmelo Sardinas, quien
no llegó a ver el nacimiento de Thañiq Yuyay porque abandonó
este plano de la existencia en 2020, durante la etapa más compleja de la
pandemia. Aunque habita ahora el Ukhu Pacha (el Mundo de los Muertos),
para Paula siempre está vivo en los recuerdos.
–Con el Tayta teníamos
discusiones políticas porque era bien bien peroncho, porque su llegada fue en
la Villa 31 y militaba con el padre Mujica. Entonces teníamos discusiones
políticas. Y después, el Tayta también era de esos indígenas
ortodoxos, esto de la dualidad hombre-mujer y determinadas cosas. Una viene con
esto del avance de los derechos humanos o las cuestiones de género, y con
el Tayta hemos discutido estas cosas. Fue toda una
construcción que se hizo con el Tayta y estuvo bueno.
–¿Con el Tayta recuperaste
el Runasimi, la lengua quechua, o en tu casa también se
hablaba?
–Mi viejo dice algunas
palabras, pero con él empecé a recuperarlo porque daba clases. Incluso, yo lo
hablo medio mal todavía, soy muy porteña. La verdad que con él empecé a
recuperarlo. Cuando voy a Jujuy hay cosas que no entiendo porque mezclan
palabras, se habla como un castellano quechualizado. En una frase
podés encontrar dos palabras de castellano y dos palabras de quechua. Por eso
empecé también a estudiar.
–¿Tenés algún otro referente
de la cosmovisión andina?
–El hermano Sixto Vázquez
Zuleta Toqo. Murió, falleció en la pandemia. Es una persona que escribía libros
de visión política. Lo conocí en 2011, en un viaje a Humahuaca; tenía una
biblioteca gigante. Y empecé a articular también con él. Entonces, la identidad
política indígena viene por el Toqo y el rescate del Runasimi, por
el Tayta. Yo a esas dos personas les debo mucho, porque yo absorbía
todos sus conocimientos, fantásticos. Porque la verdad que mi viejo, cuando
llegó a Buenos Aires, no focalizó en eso. Las ceremonias las seguíamos
haciendo, pero yo no sabía por qué tomábamos y tirábamos al piso, era como
naturalizado. No sabía por qué había que darle comida a la Pachamama. Con
el Tayta y con el Toqo entendí ese por qué. El concepto
de Ayllu, el concepto de comunidad, lo empecé a usar en Buenos
Aires porque no lo conocía.
–Entre ambos le dieron
identidad política a lo que para vos eran tradiciones familiares.
–Sí, y empecé a entender el
por qué también. ¿Por qué los martes y viernes había que darle de fumar
al Ekeko? Yo no sabía, lo hacíamos como automático en casa. Y
después entendí que están las estrellas, con el sol y la luna, y hay una hora
perfecta. Empecé a entender todas estas cosas.
LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO
Al momento de la entrevista
(primeros días de enero de 2025), Paula es trabajadora de la Administración de
Parques Nacionales. El 31 de diciembre pasado se vencieron los contratos de
quienes no forman parte de la planta del organismo y la renovación es un asunto
que depende de la voluntad política.
En el organismo encabezado
ahora por Cristian Larsen, un militante liberal que insulta por redes sociales
a las comunidades mapuche, las reglas del juego cambiaron completamente en
pocos meses; tanto, que la gestión actual pasa por alto procedimientos administrativos
y hasta leyes nacionales, según la vivencia de la abogada. También les prohíben
usar términos como “territorio” o escribir mails con lenguaje inclusivo: ante
la duda, se impone el masculino.
La intervención de Parques Nacionales en el reciente desalojo (fallido) de la Lof mapuche Pailako en el Parque Nacional Los Alerces, en Chubut, ha reforzado el rumbo de la agenda mileísta en materia de derechos humanos y, específicamente, derechos indígenas. A Paula, mujer kolla con varios años de experiencia profesional, este momento oscurantista del país la encuentra en las entrañas del monstruo.
–Pienso en dos hitos recientes: la votación en la ONU como único país que negó derechos indígenas y la derogación por decreto de la ley de Emergencia Territorial Indígena.
¿Qué nos dice esto en términos jurídicos y como clima de época que busca instalar el Gobierno?
–Bueno, el clima de época se
viene trabajando después de las elecciones: un tuit polémico de “Volvemos al
Día de la Hispanidad”, Villarruel con sus videitos reivindicatorios de (Julio
Argentino) Roca. Ese clima lo teníamos, se venía gestionando y también avanzó,
porque hay gente que siento que se liberó, esa libertad de la que hablan. El
diputado Alejandro Vilca (FIT), en quien hemos encontrado
acompañamiento, a veces nos manda sus tuits y veo los comentarios. Por más
que algunos son trolls, otros no son trolls, gente
conocida, y veo sus comentarios. Esto los liberó, gente que por ahí tenía un
discurso cerrado, que no decía nada, pero hoy sí lo dice. Ni siquiera fue desde
que asumió el Gobierno, al día siguiente que ganaron las elecciones empezaron
con esta avalancha de mensajes. No es menor que el monumento al Malón de la Paz
en Chacarita fue vandalizado tres o cuatro veces, hemos hecho denuncias. Y así
un montón de hechos.
–¿Cuáles otros recordás?
–En la estación
Kosteki-Santillán, con Alberto (papá de Darío Santillán) hicimos una denuncia
porque, también a los pocos días de haber ganado, empezaron a tachar a Darío en
la estación. Y después me contó una amiga que acompaña el movimiento de la
negritud que donde está la estatua de Remedios del Valle también habían
vandalizado. Empezaron así con actos de señalamiento y de hostigamiento, porque
son luchas simbólicas, bien identificadas, y ya venían anunciando de a poco.
–¿Y al nivel de las políticas
públicas?
–El año pasado, en septiembre,
se logró implementar el Acuerdo de Escazú en la Argentina. Me acuerdo que en
los primeros días de enero dijeron “este plan de implementación de Escazú no se
va a trabajar más”. Y Escazú trabaja el acceso a la información pública, el
acceso a la Justicia y el acceso a la participación para defensoras y
defensoras de derechos humanos en asuntos ambientales. Para el movimiento
ambientalista fue como un golpe, el primer golpe, porque nosotros ya veníamos
con estos golpes simbólicos, como ver la wiphala tachada en un
montón de lugares, que no se hicieron públicos pero se compartió por algunas
redes. Y ya después con la quita de los programas; lo del Inadi, que fue lo
primero que pasó. El Inadi ya funcionaba más o menos, o sea que sin el Inadi no
hay ningún freno.
–¿Qué pensás sobre la votación
en la ONU?
–Bueno, lo de la ONU fue
histórico, porque en realidad la ONU tiene un sistema que se ha hecho tan
cotidiano, que no se votan las resoluciones. En las declaraciones de la ONU, si
están todos de acuerdo, se firman y se aprueban. El pedido de votación fue realizado
por Argentina, por la Cancillería argentina, que fue el único voto en contra.
Fue la primera aparición pública que tuvo la Cancillería argentina a nivel
internacional y quedamos como un mamarracho. Después, al día siguiente fue el
retiro también de la COP, a nivel del convenio de la biodiversidad, el retiro
de la delegación argentina. Hechos simbólicos a nivel internacional, que no
implica que Argentina va a dejar de cumplir con lo firmado, porque son
resoluciones, pero son hechos simbólicos que Argentina firme en contra y
después retire su delegación.
–¿Cuál es la situación del
Instituo Nacional de Asuntos Indígenas (INAI)?
–Hace dos meses y medio, más o
menos, empezó la derogación del registro de comunidades indígenas. Lo peor es
que quedan comunidades boyando, porque hay comunidades que estaban en proceso
de inscripción, y si bien ese registro no otorga derechos, las comunidades
puedan estar registradas. Hoy para algunos tipos de proyectos el registro de la
personería jurídica es necesario. Hay provincias que tienen su registro propio,
otras que no tienen nada, y ésas que no tienen nada quedaron frenadas.
Empezamos con el desmantelamiento de varios programas del INAI: la restitución
de restos, el área de mujeres del INAI. Empezó como un vaciamiento del INAI
hasta la famosa derogación de la Ley 26.160 (Emergencia territorial indígena) a
través del decreto 1083. Esto fue el 10 de diciembre.
–El Día de los Derechos
Humanos.
–Buscan fechas simbólicas. Y
el concepto es “se terminó con el curro indígena”, el concepto de propiedad
privada. Los considerandos son uno peor que el otro, reivindicando a
terratenientes, poniendo la excusa de que hay pseudo-indígenas que se
transformaron en indígenas para pedir propiedad comunitaria y no entendiendo
ese proceso de identidad. Yo tengo un proceso marcado de identidad, pero hay
hermanos que no, que sus padres vinieron y están haciendo esta búsqueda y hoy
lo logran. Aparte, es muy difícil en una sociedad fascista separarse y decir
“soy indígena”. En los considerandos hasta dicen “pobre el propietario privado
que no tiene herramientas jurídicas para estimar su derecho”. Pobre propietario
privado... ¡no hay ninguno! La verdad que si las discusiones fueran entre un
campesino y un indígena, no estaríamos así. Las discusiones no son ésas, las
discusiones son Lewis, Benetton, en el norte todo lo del litio; en todas esas
zonas no son pobres campesinos, pero quieren llevarlo a ese punto, marcando esa
cuestión en los considerandos.
–¿Esto tuvo efecto en el Poder
Judicial?
–Automáticamente, los días
siguientes ya empezaron a caerse las suspensiones de los procedimientos
jurídicos. Pareciera que tuvieran un grupo de chat y habían avisado “ya bajamos
la 26.160” y todos los jueces empezaron a retrotraer sus sentencias o sus procesos.
Los procedimientos que estaban frenados empezaron a activarse, pareciera como
que fue automático. El proceso de la Lof Pailako es bastante simbólico, por
Parques Nacionales y por toda la visibilidad que tiene, pero en el norte, en
Tucumán, está pasando algo parecido; sin sentencia judicial, fiscales o
autoridades jurídicas que llaman a un cacique y le dicen “si me traés plata
puedo suspender un par de meses el desalojo”. Estamos con una situación
bastante grave. Hoy no nos atrevemos a denunciar completamente porque no
sabemos las consecuencias para los que están en el territorio. Ayer a la mañana
me habló un hermano del Parque Nacional Acoquija, en Tucumán, y me contó sobre
el director del parque de allá, que le dijo “te vamos a desalojar, si querés tomamos
un café, pero vos tenés que ser gente de derecha, todo ese curro de Cristina se
acabó”. Se vienen cosas así.
POLITICA, LEYES Y TERRITORIOS
–Es un Gobierno que reivindica
dos genocidios clave en la historia de la llamada Nación argentina: el
genocidio de la dictadura, que desguazó la militancia y la organización; y, por
otro lado, el genocidio indígena perpetrado para la constitución del Estado
Nacional. Hay una continuidad ahí, una línea política. No es azaroso.
–Sí, sí. Estábamos hablando
con varios colegas que hasta las herramientas jurídicas se nos acabaron, porque
todo el Poder Judicial está sumado a eso. Entonces, uno está craneando un
montón de situaciones, hago un amparo, hago esto o aquello, y la verdad que se
encuentra con el rechazo in limine, en la primera instancia: ni lo
leen. Se vienen tiempos bastante fuertes, fuleros, para militar. Y acá nosotros
estamos llamando a una reflexión también dentro del movimiento indígena, porque
Milei no ganó solo. Milei ganó también acompañado de sectores indígenas en
ciertos lugares, y eso es lo que estamos tratando de reflexionar. Todo lo de la
26.160 sabíamos desde que eran diputados que habían presentado un proyecto de
derogación. Ya lo sabíamos eso.
–Y es una ley que tuvo
sucesivos parches desde 2006, no es algo que explotó de golpe.
–Bueno, es similar a lo que
pasa en el Estado, que hay personas contratadas hace tantos años. Con la Ley
26.160 pasa lo mismo. ¿Qué pasó en el medio, que no se pudo sancionar una Ley
de Territorio? Una Ley de Territorio que ponga fin a estos parches de la
26.160. Ahí también que se haga cargo el movimiento político mayoritario,
porque hoy la izquierda, que son cinco o seis, nos viene acompañando. Yo siento
su acompañamiento por corazón y militancia, más que nada porque reivindican la
parte obrera e indígena, pero hubo diputados y diputadas que con un falso
acompañamiento gestionaron todo esto. Hoy se están reviendo procedimientos de
la 26.160, carpetas que ya estaban aprobadas se están revisando, están
intimando a comunidades a que devuelvan plata de los proyectos aprobados.
–Es un retroceso enorme.
–Todos venden la 26.160 como
la gran ley que venía a solucionar el problema del territorio, y no, era un
parche. Teníamos varias formas de poder solucionar esto, un proyecto de ley
territorial que termine con la entrega de títulos, no una carpeta administrativa
que encima le queda al poder del Estado la rendición. Ahí fue algo que el
movimiento que acompaña a los pueblos indígenas no sé si no vio o fue lo que
estuvo al alcance o buscaba otros intereses también. Una repiensa todo. ¿Qué es
lo que pasó ahí, que no pudimos lograr una ley de territorios indígenas? Ni
siquiera una ley de propiedad comunitaria: una ley de territorios que realmente
regule y entregue títulos de propiedad, porque la 26.160 fue un parche. La
sostenían como una bandera política e ideológica de un partido político, pero
nosotros sabíamos que iba a suceder esto, que esa ley no era una herramienta
mágica ni la solución que necesitábamos.
–Te he escuchado decir, con
respecto a esto, que el límite es la propiedad. Porque en la Ley de Medios
había participación de pueblos indígenas, también existía con sus falencias
esta Ley de Emergencia Territorial Indígena. Pequeñas concesiones del Estado,
pero nunca se avanzó a fondo para resolver el problema de los territorios.
¿Falto militancia o voluntad política?
–No sé. En el caso de Parques
Nacionales, hubo dos o tres casos de restitución de restos. La restitución de
restos fue promovida en 2010 como una política pública, sacar de exhibición de
esos museos los cuerpos indígenas y restituirlos al territorio. Bueno, Parques
cumplió eso, muchos museos cumplieron. En Punta Querandí tenemos una
restitución de 42 cuerpos que lo hemos logrado porque nos pusimos bien firmes.
¿Y restitución territorial? Ninguna. Es más, el museo de La Plata tenía un
juicio con una comunidad de Misiones y están en negociaciones todavía.
Restitución de territorios en Parques Nacionales no hay. Todo bien con que te
devuelvan los huesitos, por ahí es políticamente incorrecto lo que estoy
diciendo, pero o nosotros nos quedamos con poco o nos vendieron también
espejitos de colores. Todo lo que tiene que ver con cuestiones territoriales
fue el freno de las instituciones. Proyectos sí, entrega de restos sí;
territorio, no. Muchos estamos en esa búsqueda de entender qué nos pasó y cómo
seguimos. Porque nosotros aplaudíamos la política de restitución, pero no había
restitución territorial. Hoy la Federación Pilagá tiene su radio comunitaria,
pero hay dos comunidades que no tienen título de propiedad. ¿Y entonces? Fue
algo que nos quedamos a medio camino o algo por construir. Fue algo que hicimos
mal, capaz, desde el movimiento indígena, que no pedimos más. Fue lo que estaba
al alcance o fueron nuestras alianzas. No sé si hicimos todo mal, pero faltó.
–Si bien en términos políticos
es un momento de retroceso, tengo la perspectiva, por la agenda que cubrimos,
que hay cada vez más recuperaciones territoriales mapuches, también surgió el
Tercer Malón de la Paz... Algo se está tejiendo en los territorios y en la
ciudad no se ve.
–Entre todo este panorama
malo, lo bueno es esto, la unidad que estamos logrando entre los 58 pueblos
indígenas, que antes no se lograba o no se había alcanzado. En su momento,
cuando fue lo de Félix Díaz, en 2014, 2015, hasta que después fue parte del Gobierno
de Macri, se había logrado una pequeña unidad, un pequeño bloque donde
mapuches, guaraníes, kollas trabajamos en una ley de propiedad comunitaria.
Podíamos ir a los territorios a conversar, y después quedó separado todo eso. Y
dentro de todo esto malo que viene, hoy se está logrando o por lo menos estamos
entendiendo este proceso de unidad. No sé si es una gran confederación indígena
o qué, pero sí estamos más conectados. Hoy lo que sucede en el norte yo ya lo
sé y lo puedo transmitir al sur y lo que sucede en el sur igual. Hoy la
información circula mucho más rápido y eso lo veo. También es bueno lo de los
abogados y las abogadas, porque el abogado tiene esto de ser un poco egoísta y
asumir la causa como propia. Y hoy no, hoy estamos en una súper red de
comunicación que nos habíamos olvidado que existía. Eso es lo bueno del
movimiento. Y aparte, también, el concepto de autodeterminación, que es lo que
el Tayta buscaba. Esto de la pérdida de la lengua, la pérdida
del territorio, empezar a ir por esos horizontes. Eso es lo que está
resurgiendo ahora, cada vez hay más reuniones entre hermanos indígenas sobre
cosmovisiones, búsqueda de identidad, para tocar el sikus, hablar quechua o mapuzungun.
Dentro de lo malo, es lo bueno que estamos logrando, unificarnos en la lucha y
con todas nuestras miradas, porque todos estamos permeados por el colonialismo
y por el tema del clasismo.



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